Un Kit de Escucha para el Parlamento
Cinco objetos para escuchar de verdad a la infancia
Campaña “Activa la Escucha” | ONG Educo | Estrategia y creatividad: CIPÓ Company
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Niños y niñas lo tienen claro: “Los adultos nos oyen, pero no nos escuchan.” Durante la pandemia, en las decisiones sobre la vuelta al cole o las medidas de confinamiento, sus voces quedaron fuera. Y sigue pasando.
Ni sus emociones, ni sus problemas, ni sus propuestas son tenidas en cuenta. Por eso, la ONG Educo nos pidió una acción simbólica dentro de su campaña Activa la Escucha: un gesto creativo que interpelara a quienes legislan, a quienes deciden y a quienes deberían escuchar.
Así nació el Kit de la Escucha, una caja cargada de significado enviada al Parlamento español, con un mensaje simple pero profundo: “Si queréis construir futuro, empezad por escuchar a quienes lo habitan.”
Un envío simbólico al corazón de la política
El kit fue entregado al presidente del Gobierno, a la presidenta del Congreso, a la ministra de Educación y a representantes de las comisiones de Infancia y Educación. Dentro, cinco objetos invitaban a mirar, sentir y decidir desde la escucha activa.
Cada uno representaba un valor distinto, una forma concreta de romper el adultismo y abrir espacio a la participación infantil.

1. Una maceta con semillas: plantar la escucha activa
La primera pieza del kit era una maceta con semillas, acompañada de un mensaje: “Siembren la escucha activa en el Parlamento.” El gesto era claro: igual que una planta necesita cuidados, la escucha necesita tiempo, atención y voluntad. El Parlamento, como sede de la democracia, debía ser también un ejemplo de diálogo con la infancia.
2. Un botón rojo: activar la escucha
El segundo objeto, un botón rojo, guardaba una sorpresa. Al pulsarlo, se escuchaba la voz de una niña: “Cada vez que escuches a un niño o niña, aprieta el botón de la escucha activa.” El mensaje se basaba en el informe “Érase una voz” de Educo, donde el 65 % de los menores afirman que las personas adultas no los tratan como sujetos con derechos. El botón era una invitación a detenerse. A dejar de reaccionar y empezar a escuchar de verdad.
3. Una lupa: ver el adultismo
El tercer objeto era una lupa. Y sobre una cartulina, frases diminutas: “Calla y escúchame.” “Eres demasiado pequeño para entenderlo.” “Yo sé lo que es mejor para ti.” Frases que reflejan el adultismo, esa forma de mirar la infancia desde arriba, negando su capacidad de opinar o decidir. Con la lupa, el mensaje se volvía tangible: solo si te acercas puedes ver lo que antes no querías mirar.
4. Una llave: abrir espacios de participación
El cuarto objeto era una llave, símbolo del acceso y la apertura. Representaba la necesidad de que la política abra espacios reales de participación para la infancia. Educo planteaba una reivindicación clara: que los parlamentos, los gobiernos locales y las instituciones escuchen a niñas y niños antes de legislar sobre su educación, su salud o su bienestar. La llave no solo abría puertas: abría conciencia.
5. Un estetoscopio: escuchar desde el corazón
El último objeto, un estetoscopio, cerraba el círculo con una metáfora hermosa: Escuchar no solo con los oídos, sino también con el corazón. Porque la escucha no es un trámite. Es una forma de mirar, de comprender y de acompañar. El estetoscopio invitaba a los políticos y políticas a escuchar con empatía, a percibir lo que hay detrás de las cifras y los informes: personas jóvenes con ideas, miedos, sueños y propuestas.

La fuerza de lo tangible
En una época en la que casi todo sucede en pantallas, recibir un objeto físico tiene un poder insólito. Cuando una persona abre una caja, toca una llave o pulsa un botón, no solo está viendo una campaña: la está viviendo.
Ese gesto convierte la comunicación en experiencia, y la experiencia en recuerdo.
Los objetos hablan su propio lenguaje: pesan, huelen, suenan. Cada uno de ellos fue diseñado para dejar un recuerdo en personas que toman decisiones sobre la infancia. Porque abrir un maletín con semillas, una lupa o un estetoscopio no es un acto rutinario: es una invitación a pensar de otra manera.
En CIPO utilizamos este tipo de comunicación simbólica, especialmente en proyectos de incidencia política o sensibilización social.
Sabemos que los objetos —bien pensados y bien contextualizados— ayudan a trasladar conceptos complejos de forma inmediata y memorable. Lo hemos comprobado en campañas con ONG, instituciones y movimientos sociales: cuando algo se puede tocar, se recuerda más; y cuando se recuerda, tiene más posibilidades de transformarse en acción.
