Amazonia: el Reino de la Biodiversidad
Más de siete millones de visitantes recorrieron 650 metros cuadrados de selva amazónica en plena Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia
Una exposición permanente en un edificio de treinta y seis metros de altura. Luz controlada. Espacios abiertos. Piezas auténticas traídas de Brasil tras meses de negociaciones con autoridades ambientales. Una anaconda de siete metros devorando un caimán. La cabeza reconstruida del Purussaurus, el caimán prehistórico más grande que existió. Insectos amplificados bajo lupas. Semillas imposibles. Frutos que pesaban dos kilos. Piezas indígenas que contaban historias de supervivencia.
“Amazonia, reino de la diversidad” es un recorrido apasionante a través de su geografía, su biología única y su paisaje humano, donde contemplar la más rica diversidad amenazada, ofreciendo a sus visitantes aspectos desconocidos de la región amazónica.
Durante cinco años, desde 2003 hasta 2008, esta exposición ocupó la tercera planta del Museo de las Artes y las Ciencias de Valencia. Fue un proyecto de escala diferente a todo lo que habíamos hecho antes: una exposición permanente en un espacio arquitectónico diseñado por Santiago Calatrava donde cada metro cuadrado requería pensar cómo dialogar con la estructura del edificio.
El Museo de las Ciencias es una nave futurista de hormigón blanco y cristal. Líneas rectas. Alturas imposibles. Luz que entra tamizada. Nada que ver con la selva amazónica. El reto era convertir esos 650 metros cuadrados de arquitectura contemporánea en un espacio que evocara biodiversidad, densidad vegetal, humedad, vida desbordante.
¿Qué contenía la exposición?
Réplicas a escala real. La cabeza del Purussaurus, el caimán gigante prehistórico que habitó la Amazonia hace ocho millones de años y que medía más de doce metros. Un águila harpía con su cría. Una anaconda de tamaño natural devorando un caimán, escena que pocos han presenciado en vivo pero que aquí se podía contemplar detenidamente.
Insectos y peces. La avispa más grande del mundo, mariposas transparentes, especies miméticas. Pirañas. Todo acompañado de información sobre comportamientos, amenazas, rol ecológico.
Botánica amazónica real. Más de treinta especies de semillas ampliadas con lupas. Cuarenta especies de frutos desconocidos en España: las castanhas do Pará de dos kilos, el cupuaçú pariente del cacao, el caçarí con treinta veces más vitamina C que la naranja. Troncos de árboles gigantes. Diez maderas tropicales mostrando la diversidad de especies arbóreas de la región más biodiversa del planeta.
Piezas indígenas auténticas. Cerbatanas de cuatro metros fabricadas por indios matís. Arcos y flechas yanomami. Instrumentos de caza. Objetos cotidianos de comunidades caboclas. Cada pieza llegó con permisos oficiales y acuerdos con comunidades. No eran objetos de museo etnográfico polvoriento: eran herramientas de vida real prestadas para contar historias.
Módulos sobre amenazas reales. Biopiratería. Tráfico de especies. Deforestación. Pérdida de biodiversidad. La exposición no romantizaba la Amazonia: mostraba su fragilidad.








