La mente se caracteriza por crear ‘modelos fijos de concepto’

Por eso, cuando evaluamos un problema siempre tendemos a seguir un patrón natural o habitual de pensamiento. Por ejemplo: las sillas son para sentarse, un vaso sirve para beber, el pantalón se pone en las piernas…, etc. Son pensamientos automáticos que ahorran mucha energía: no tenemos que estar pensando a cada momento qué son las cosas ni para qué sirven. Pero eso mismo sucede cuando necesitamos crear ideas: ¿por qué siempre se nos ocurren las mismas y damos vueltas sobre las propuestas o acciones similares? 

El pensamiento creativo es una habilidad mental adquirida (y entrenada) que busca una solución mediante métodos que suelen ser ignorados por el pensamiento lógico: rompemos el modelo fijo de concepto, logrando nuevas ideas antes no exploradas.

Aquí te damos nueve claves para que la creatividad funcione. Repásalas una a una y analiza qué podrías cambiar para ‘desatascar’ tu espíritu creativo.

LAS NUEVE CLAVES

Primero: Desmontemos el mito

Vickie el vikingo, cuando se enfrentaba a un problema se rascaba la nariz. A partir de ahí salían decenas de estrellitas que anunciaban la aparición de una idea, que llegaba en su totalidad, completa y preparada para ser realizada.

Aunque seamos muy fans del intrépido Vickie, si seguimos sus pasos nos haremos una idea errónea de cómo funciona la creatividad. Tenemos la creencia de que a una persona creativa, la idea le llega cuando la necesitas, enterita y lista para su puesta en marcha. Pero nada más lejos de la realidad. La idea no suele llegar nítida, clara y totalmente construida y desarrollada. No es una bombilla. Son pequeñas luces, intuiciones, posibilidades que vamos relacionando y desarrollando. Lleva tiempo; es un proceso, no un acto ‘iluminatorio definitivo e inmediato’.

Por eso, mejor que la imagen de la bombilla como símbolo de la creatividad es recomendable utilizar esta otra.

Segundo: Todas las personas somos creativas. 

Al tener esa creencia errónea, muchas personas hemos pensado que no éramos creativas ya que las ideas no aparecían cuando las buscábamos. Nos sentamos delante de un papel, arrugamos el ceño (como si estrujando la mente ordeñáramos ideas) y vemos con desolación cómo no se nos ocurre algo interesante. Y lo abandonamos… con la sensación de: “no soy una persona creativa”.

Como dice Daniel Goleman, “la creatividad no es un don, es una decisión personal”. Es decidirse a cambiar el enfoque, la metodología que usamos y volver a activar el hemisferio derecho. Como otras tantas cosas, la creatividad es una disciplina que se aprende y se potencia con su conocimiento y su aplicación práctica.

Si piensas que no eres una persona creativa, te invito desde ya a que cambies esa creencia y descubras en este curso todo tu potencial. 

Tercero: Demos el tiempo que se requiere. 

La creatividad necesita tiempo.  Por ejemplo, para analizar el reto o desafío creativo, para ‘incubar’ o para elegir la idea más prometedora. Ya hemos visto que es un proceso, no un acto de iluminación instantánea. La idea se cocina a fuego lento, evoluciona, cambia, muda, crece y se recoge. Edison decía que el 90% de la genialidad era ‘transpiración’, no ‘inspiración’.

“Creo que tengo más de obrero infatigable que de sabio”. Ramón y Cajal.  

Cuarto: A más entusiasmo, más creatividad.

Es lo que conocemos como la motivación intrínseca”: compromiso, ilusión, disfrute, entusiasmo, empeño. Las personas que creen en lo que hacen no se rinden con facilidad. Cuando llega la frustración, persisten.

En la creatividad tendremos que lidiar mucho con la frustración. Queremos resultados ‘ya mismo’ y no los encontramos. O creíamos que ya teníamos la idea y comprobamos que tiene muchos inconvenientes y hay que volver a empezar. La frustración es parte del proceso creativo y hay que mirarla con cariño y decirle: “sabía que aparecerías”.

Muchas veces las ideas no llegan porque tiramos la toalla y nos desesperamos. Y… “si alguna vez vas a tirar la toalla, que sea en la playa”.

Quinto: Olvidar las viejas ideas.

Cualquier persona es ‘prisionera de su experiencia’. Es bueno confiar en lo que se conoce, pero al mismo tiempo nos impone unos continuos límites que tenemos que superar para que nazca la creatividad. A veces llevamos muchos años trabajando sobre un tema o en una misma entidad y eso hace que tengamos la mirada muy determinada: dentro de la burbuja.

«La cosa más difícil del mundo no es que las personas acepten ideas nuevas, sino hacerles olvidar las viejas». John Maynard Keynes

Tenemos que salirnos de esa perspectiva e intentar ‘desaprender’ para ver con otros ojos.

Recomendaciones

  • Sal de la ‘burbuja’: de tus creencias, tu visión, tu organización, tu tema de trabajo.
  • Aprende a ‘ver’ con ojos nuevos.
  • Habla con personas que no están dentro de tu ‘burbuja’ y conoce cómo perciben los problemas, situaciones, colectivos, etc.
  • Incorpora en los procesos creativos personas que no están ‘atrapadas’ en tu forma de pensamiento. 

Sexto: Buscar el lugar idóneo 

Espacios de trabajo habituales no ayudan mucho a que la mente ‘se coloque’ en una actitud de juego y de disfrute, imprescindibles para el proceso creativo. Intenta cambiar de ambiente y ve a un bar, a una cafetería, a un parque, a un centro cultural, etc.

Y cuando sea imposible salir de los espacios rutinarios de trabajo, entonces cambia la ‘motivación de la mente’ y haz alguna dinámica de juego o diversión antes de empezar. 

Séptimo: Reunir un equipo de trabajo con la “química” adecuada. 

Hay que crear conciencia de equipo creativo. No porque nos juntemos, habremos logrado ser un equipo. Se necesitan dos elementos esenciales:

  • Confianza entre todos/as, para poder realmente ‘soltar’ el hemisferio derecho y decir lo primero que se nos pase por la cabeza, sin filtros ni juicios. No puede haber miedo a ‘decir tonterías’ o a delirar o a jugar. El ‘descarrile’ exige confianza.
  • Todo el grupo debe tener unos conocimientos comunes de cómo funciona la creatividad, sus claves y sus metodologías. Si hay alguien en tu grupo que no lo conoce o es muy ‘hemisferio izquierdo’ dedícale un tiempo y explícale las ‘reglas del pensamiento creativo’. Si no, estará continuamente siendo un obstáculo en el proceso.
  • El equipo debe ser dirigido por alguna persona que tenga claro el proceso creativo para velar por su buen desarrollo. Cuida que estemos a gusto, que no nos desviemos del objetivo y que si llega la frustración, sepamos darle un pase torero.

Octavo: No juzgar 

El hemisferio izquierdo (lógica y razón) se meterá muchas veces dónde no le han invitado. Querrá juzgar y sabotear el momento creativo: ‘esto no sirve para nada’, ‘es una tontería’, ‘estamos perdiendo el tiempo…’ Claro, no es su lógica y no le gusta. Y además siente que hacemos el ridículo si damos una idea descabellada, absurda o surrealista. 

No solo no debemos juzgar a los demás en este proceso, tampoco a nosotros mismos. Hay que saber fluir, delirar, valorar los esfuerzos de los demás, colaborar y observar al ‘juez interno’ (hemisferio izquierdo) y contener sus reacciones.

El martillo del juez solo entra para que hagamos una hoguera con él 😉

Para contener las interrupciones de los ‘jueces’ en el proceso creativo, puedes tener algunos elementos simbólicos -como tarjetas amarillas- y mostrarlas cuando alguien bloquea el proceso con juicios o comentarios ‘lógicos’. 

Noveno: Jugar y mantener el sentido del humor. 

Divertirnos nos ayuda a contrarrestar el ‘juez interno’ que descarta nuestras ideas por considerarlas absurdas o ridículas.

Desechar de inmediato una idea porque ‘no es lógica’ puede hacernos perder una gran oportunidad. Tenemos que sentirnos libres de producir todo tipo de ideas por absurdas que parezcan. Un equipo de trabajo que se ríe y juega más, será más creativo que uno serio y formal.

Recuerda: al hemisferio derecho le gusta el juego, reírse a carcajada limpia y disfrutar. 

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